|
Cuando
entramos en el Real, intuimos que el edificio es muy especial, impresión
que se confirma cuando uno baja al restaurante, situado en el sótano,
antiguas mazmorras del siglo XV, restauradas y decoradas con un gusto
exquisito: el ladrillo y la piedra, los techos abovedados y la profusión
de antigüedades lo convierten en un conjunto que sorprende al que
lo visita por vez primera.
Este espacio, testigo mudo
de acontecimientos fundamentales para la historia, ha sido felizmente
recuperado para el deleite del paladar y disfrute de los sentidos, acogiendo
en estos momentos un magnífico asador.
El asador ostenta el prestigioso
récord de tener la bodega más antigua de la región.
Sus vinos reposan en una bodega del siglo XV que puede servir de excusa
perfecta para conocer de cerca su chuletón de buey o el ternasco
de Aragón. Los pescados a la brasa complementan una carta que basa
su existencia en una sencilla y sana elaboración de productos frescos
y naturales.
Apartándonos
en lo posible del tipismo malentendido, hemos querido recuperar a lo largo
de estos años, tanto la cocina tradicional aragonesa, como algunos
guisos de origen sefardí y mozárabe. Es nuestra humilde
intención, conjugar esta cocina que surge en nuestros orígenes,
con las nuevas tendencias gastronómicas.
Una cuidada
selección de vinos de las mejores regiones del mundo, maridan una
carta, que sin pretensions de hacerla demasiado extensa, esperamos tenga
la esmerada calidad que el buen comensal exige.

Además, en el Real no
se descuida ningún detalle: la presentación de los platos
(las costillas sobre una teja de barro, las migas en una sartén
metálica con un infiernillo para que no se enfríen...),
es otro de los muchos alicientes que ofrece este acogedor restaurante.
|
|